Hechos estilizados del cultivo del café en el III Censo Nacional Agropecuario: Las reflexiones del CRECE

Durante la celebración de los 30 años del CRECE, el Director del DANE, Mauricio Perfetti del Corral, presentó un análisis profundo del cultivo del café en el III Censo Nacional Agropecuario.

Los análisis revelan las transformaciones más importantes que ha vivo la caficultura en país en los ámbitos productivos y sociales y los relacionados con las iniciativas de sostenibilidad de la última década.

A continuación, se presenta un resumen de los hechos estilizados más relevantes derivados del análisis del cultivo del café de la III Censo Nacional Agropecuario.

No. 1:

La caficultura del país se caracteriza por un uso más intensivo del suelo con destino agropecuario frente a las actividades no cafeteras. Según el uso y cobertura, en las Unidades de Producción Agropecuarias (UPA) cafeteras, el 47,5% del área se destina a actividades agropecuarias, el 46,9% a bosques naturales y el 3,7% a otros usos. Adicionalmente, el 68% de las áreas sembradas en las UPAs cafeteras corresponde a lotes solos con café, mientras que el 32% restante de cultivos de café se encuentra en asocio, principalmente con cultivos de plátano. En las UPAs no cafeteras, el área destinada a bosques naturales aumenta a 66,8% y las destinadas a actividades agropecuarias es 29,5%.

No. 2:

La tendencia de la caficultura es hacia la proliferación de pequeñas unidades agrícolas, producto de la subdivisión acelerada de las unidades de producción. En 1960, el porcentaje de las UPA menores de 1 hectárea era menos del 10%. En el III Censo Nacional Agropecuario se encontró que hoy representan el 33,6% de las UPA cafeteras.

No. 3:

Existe una evidente re-configuración de la geografía nacional cafetera. En 1960 el censo agropecuario encontró que el 50,1% del área sembrada en cultivos de café se encontraba en los departamentos de Caldas, Tolima y Valle del Cauca. El III Censo encontró que el 61,4% del área cafetera se encuentra en Huila, Antioquia, Tolima, Cauca y Caldas. Particularmente, los crecimientos de área sembrada de Huila y Cauca, han sido de 230,2% y 56%, respectivamente entre los censos mencionados.

No. 4:

Los indicadores sociales en el campo en general para productores cafeteros y no cafeteros han venido mejorando. La población cafetera tiempo atrás gozaba de tener mejores indicadores sociales frente a las otras poblaciones rurales. Por ejemplo, se ha presentado una reducción acelerada de la pobreza multidimensional frente a 2005, jalonada principalmente por la dimensión educativa. El Índice de Pobreza Multidimensional en la población cafetera de la zona rural dispersa es de 46,2%, mientras que en la no cafetera es del 45,9%, evidenciándose una pérdida de ventaja en esta área. Por otra parte, ahora, los indicadores educativos como el analfabetismo de la población (de 15 años y más), y la asistencia escolar no presentan diferencias significativas entre la población cafetera y la no cafetera.

Reflexiones CRECE

Según el CRECE el primer hallazgo revela que ante la existencia de un portafolio de ingresos poco diversificado y la búsqueda de mayores ingresos, los caficultores han intentado maximizar el uso del espacio del que disponen en sus plantaciones con la siembra de cultivos comerciales, y así atender necesidades fundamentales del hogar y del cultivo. Cabe decir que el tamaño promedio de una finca cafetera es de 1,7 hectáreas.

Hasta hace poco, este uso intensivo del suelo en actividades agrícolas había casi que descartado la importancia de contar en la finca con espacios dedicados a la protección de bosques, o inclusive, a garantizar la seguridad alimentaria del hogar mediante la siembra de cultivos para el autoconsumo.

Afortunadamente hoy esta tendencia se está revirtiendo gracias a la aparición de iniciativas de sostenibilidad. Estas han traído nuevamente a discusión la importancia de garantizar que el cultivo del café se desarrolle en medio de condiciones ambientales y sociales sostenibles.

Esta conclusión ha sido confirmada por diversas evaluaciones sobre la implementación de iniciativas de sostenibilidad realizadas por el CRECE en las que se ha encontrado que la caficultura del país está avanzando hacia la coexistencia del café con otras especies y cultivos necesarios para la preservación del medio ambiente y del hogar.

Por otra parte, aunque el proceso de minifundización de la caficultura no es nuevo, el debate que en opinión del CRECE debe también ponerse sobre la mesa es la visualización de la “agricultura familiar” en la caficultura. Según la FAO, en esta clasificación el tamaño de las fincas pasa a un segundo plano, y se integran otras concepciones como las expectativas de vida del hogar que no siempre persiguen la maximización de ganancias, el predominio de la mano de obra familiar, y la vinculación del hogar y la finca, como una misma unidad. Así, la coexistencia de una caficultura con visión empresarial con aquella que persigue otros fines más allá de la maximización de ganancias, invita a los diseñadores de política pública y sectorial a contar con un portafolio de estrategias diferenciadas que permitan atender a los diferentes tipos de hogares cafeteros.

Por otra parte, la recomposición de la geografía cafetera es un fenómeno que ha traído efectos a nivel económico y social. Estudios del CRECE revelan que los departamentos del sur del país que están expandiendo su caficultura, y que hasta hace poco eran proveedores por tradición de mano de obra para la zona central cafetera, hoy apenas alcanzan a cubrir autónomamente sus propias necesidades de mano de obra y en muchos casos se han vuelto demandantes de trabajadores. Sus excedentes laborales han tendido a reducirse, profundizando el fenómeno de escasez relativa en épocas de cosecha en aquellos departamentos que dependen en mayor medida de mano de obra contratada y que tradicionalmente era abastecida por la población residente en el sur del país.

Por último, como es bastante conocido, durante mucho tiempo las regiones cafeteras registraron un mejor desempeño en los indicadores de calidad de vida frente a las no cafeteras. Este comportamiento se dio casi que exclusivamente porque la institucionalidad cafetera asumió como función propia la provisión de bienes públicos como servicios, infraestructura, educación y generación de actividades productivas, que por naturaleza son competencia del Estado.

La crisis internacional del café de comienzos de siglo impidió el mantenimiento de estas inversiones en la magnitud en la que tradicionalmente se habían realizado y al parecer, estas fueron asumidas solo parcialmente por los gobiernos locales y regionales.

Según el CRECE sería importante retomar este interrogante y buscar la manera en que estado y sector cafetero sigan trabajando juntos no solo por los cafeteros sino también por el campo de Colombia. Sin duda, el café va jugar un papel muy importante en el post-conflicto.

Por:

Catalina Zárate R., Consultora del CRECE en Economía Cafetera
Rafael Isidro Parra-Peña, Director Ejecutivo CRECE

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